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Microrrelatos

Experimento 1.0

Experimento 1.0

Tengo un amigo pequeño y redondo. Vive de noche y duerme de día. Le encanta la sombra y el frescor del césped. Algunos dicen que es un baboso, otros que es un cabezón asqueroso, hasta dicen que le han puesto los cuernos... Yo en cambio, siempre digo: Que a pesar de lo timido que es, siempre tengo su casa abierta para estar y una parcelita de césped al sol.

Naufragio en la niebla

Quedaban 12 horas para el fin del mundo, esa frase valía como resumen a un nuevo brote suicida que latía furioso en mi torrente sanguíneo anunciando una meta no muy lejos a alcanzar, ya que ese salvavidas de color chillón que había aparecido no hace mucho tiempo atrás se comenzaba a hundir en un mar bravío y poco a poco se adentraba en su seno tranquilo y azulado para yacer en el fondo iluminado por una luna creciente en su mitad que flotaba en el manto oscuro del cielo como suspendida por hilos invisibles.
¿Qué puedo decir? Al final te das cuenta que siempre retornas a la soledad y verla del brazo de otro exterminaba mis ganas de saber de ella y una vez mas me dejaba como un gilipollas, lo que he sido toda la vida. Ya estoy cansado de golpearme una tras otra contra un muro de hormigón armado, simplemente mi cuerpo se cansó de levantarse para volver a caer.
Cuando te apartas de un camino estipulado el destino te mete de nuevo en él de un golpazo y llegas a sopesar que la soledad no vino sola sino que fue impuesta, que has estado toda la vida así.
Pero lo mas triste es darte cuenta que es lo único que recuerdo no haber perdido nunca, estoy harto de vaciar mi interior tras cada fracaso para después llenarlo de humo y ahogar su ausencia, pues en mis quimeras ellas duran un par de semanas, luego desaparecen en la densa niebla.
Tal vez sea la hora de transformarme yo también en humo.

Expiando mis pecados

Quedaban 12 horas para el fin del mundo o por lo menos para mi historia, la quimera de mi cabeza. Demasiado tiempo transcurrido desde que perdí mi alma a labios del cielo, bueno en los tuyos, pero en el caso es lo mismo.
Habían pasado 4 meses ya y el periodo programado en mi cabeza expiraba a la hora que te bese, a las 10 de la noche, irónicamente hoy también reinaba los cielos la luna llena, pero aquel día la nuestra fue sangrienta, con su color amarillo anaranjado pobló durante días mis recuerdos coronando la despedida mirándonos desde el manto oscuro.
En el tiempo que nos lleva a hoy perdiste la oportunidad un 11 de febrero según tu por un fiasco en un examen, nunca lo puse en tela de duda, pero jamás debiste quemar mi ilusión, diciéndome que vendrías a verme, porque la ilusión de un niño al destruirse tarda en volver a brotar. Ese fue tu error junto a que entre nosotros se generó una árida y gélida estepa donde el amor o lo que fuera que hubo se hizo hielo, cristalizándose y generando un ambiente extraño que esfumo la química.
Hoy al menos lo sé, mi alma ya viene en camino, la vi desprenderse de tus labios como si fuera humo, ciertamente la echaba de menos, nunca te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes, sobre todo cuando analizas las cosas en total soledad, tú simplemente nunca has tenido tiempo ni soledad suficiente para sopesarlo.

Abandonando las esperanzas

Quedaban 12 horas para el fin del mundo, había que apresurarse en los preparativos, la cosa se pondría seria, hay gente que gasta su tiempo en despedirse, pero otros expiran su tiempo sin temor a la muerte y disfrutando de sus últimos segundos realizando saqueos, ¿que mas daba? Las autoridades estaban desaparecidas, la verdad es que siempre lo han estado, sus placas siempre han brillado por su ausencia, ahora no lo iba a ser menos.
Colocaba las provisiones en los compartimientos estancos refrigerados por el mismo helio que servia de combustible a los propulsores que me sacarían de esa roca que en el transcurso se los años se había vuelto árida y inhóspita, tan yerma que el recuerdo de tiempos mejores me aterraba, siempre se nos ha comparado a virus, pero la verdad es que es lo que somos, agotamos todo hasta su fin y ahora huimos como ratas en un exilio masivo a otros mundos, montado sobre mi asiento de cuero, noto el frescor de este en mi cuello antes de colocarme el casco que me aportara algo de oxigeno extra en el despegue, cuenta a atrás, 3, 2, 1… ignición, la nave plateada brilla en el fulgor de las llamas que me sacan de lo que fue mi hogar… unos segundos mientras que abandono la atmósfera, miles de naves como lluvias de cometas acompañan mi viaje, desde el oscuro cielo ingrávido veo como el azul y el marrón de la tierra se funden en una explosión. Me libre por los pelos.

Ultimos suspiros

Quedaban 12 horas para el fin del mundo, acaba de pasar una mala noche y la noticia de tan final no aportaba nada nuevo a una existencia carente de sentido, ¿12 horas?, Buah! me sobran al menos 6... Iré a tomar algo con los colegas, mientras espero a ver que es lo que acontece en ese tiempo o quizás me meta en la cama… aun no he dormido lo suficiente para estar descansado, llamadas fugaces a mis parientes nerviosos mientras me preparo una buena comida, para algo es una situación especial, lo de ver a mis amigos puede esperar unas horas mas, dejémosles que disfruten ellos un rato de sus vidas, da igual llegar tarde a una cita después de una vida de puntualidad, total para no decir nada coherente, limitemos ese tiempo al mínimo posible, no me gusta andar regalando los oídos de la gente con palabras falsas... llámalo rudeza pero su verdadero nombre es sinceridad. Pero bueno, ellos también son mi familia, hagamos algo que solíamos hacer, veámonos en la colina de verde y frondoso césped, a beber unas rubias con espuma y a dejar que el humo pueble nuestros labios, bajo la luna a la luz del humo con el brillo del cristal y las estrellas reflejadas en pupilas dilatadas de felices sonrisas puntiagudas. Que al menos todo esto tenga un final feliz.