Capítulo 4: No hay comienzo sin final
En la calle tampoco abundaba demasiado la gente, por lo que fue un paseo tranquilo embutido en mi chaqueta mientras sonaba Simpathy for the devil en mi reproductor de plasma, a pesar de que los gun and roses estuvieran muertos hace siglos, me gustaba escuchar la musica como recuerdos de mis tiempos de mortal, llámalo vanidad, pero esa musica me hacía feliz, y aunque la actual no estuviera mal, los viejos roqueros nunca cambian, ni venden sus inicios. Por eso sonreía y mi cara pasaba de ser una mascara sin sentimientos a una media mueca donde la sonrisilla macarra alumbraba como la luz de un foco mientras la puntera de mis botas señalaba al cielo como si quisiera patearlo.
Todo iba bien pero nunca puedes vender el pato antes de cazarlo, porque todo se puede torcer en el silencio de un suspiro. Era una cosa que sabía desde que era mortal, siempre contamine todo lo que toqué con mis manos y al final todo se volvía tedio y su podredumbre me daba arcadas que convulsionaban mi cuerpo mientras que mis ojos veían como todo se musitaba y convertía en cenizas. Así que no es pesimismo en toda su magnitud sino simplemente conocimiento del medio.
El sol brillaba con intensidad reflejado en las paredes de cristal que daban a la ciudad el aspecto de un gran panel fotovoltaico y en algunos casos ese hecho era correcto, porque en esta época por fin descubrieron que el sol vale para más cosas de lo que parecía.
Anduve algo mas por esa larga calle que no parecía tener fin y después saque el móvil para ver la situación exacta de Ann a ver numero 124 siempre me gusto el 24 si le añades 100 tampoco creo que sea tan malo.
A la puerta del bloque metálico vi otro vergel que lo componía un estaque con unas carpas no muy grandes y de color anaranjado que yacían placidas en el arroyo de su húmedo hogar que era oxigenado por una pared calcárea que dejaba surcar por su superficie hilos de agua como si fueran los cabellos de una musa buen aspecto para tener una casa allí, el agua me atraía como ese haz luminoso atrae a los insecto a su fin, sin ni siquiera percatarse que tal iluminación va contra su propia integridad pero es lo que tiene ser así no te preocupas de las cosas hasta que pasan y cuando pasan es demasiado tarde para reaccionar y tan solo queda un crepitar y ver como un bicho vuelve a la tierra de donde nació.
Pulse levemente sobre el pulsador del portero mientras un zumbido se colaba por mis odios y surcaba como haciendo surf los canales auditivos hasta retumbar como una orquesta en mi cerebro martilleándolo sin piedad alguna, y después una voz; algo tan dulce como el néctar de las flores y a su vez suave como el terciopelo preguntaba mi nombre y el objeto de tal visita inoportuna.
Tan solo dije Kramen, el resto debería saberlo y sino, que la partiera un rayo a ella y su voz húmeda porque yo no daba explicaciones a desconocidos por mucho que fueran a ayudarme. Segundos después otro zumbido más leve acciono la puerta y esta se abrió ante mí dejando escapar el frescor de un portal recubierto de mármol en sus 3 dimensiones. Entre y la visión de un túnel forrado de blanco con sus vetas crema que hacían mil figuras de ensoñaciones tintadas de humo, una realidad es que nadie puede concebir la belleza de las cosas hasta que realmente ha conseguido tener los ojos de un vampiro y ver la primera vez con ellos, es como perder la virginidad con afrodita prendida de tu cuello y susurrándote que no la dejes sola un momento. Subí por el ascensor mientras este en silencio recorría las entrañas del edificio hasta que abruptamente paró y soltó su mercancía. Delante de mi se extendían dos infinitos pasillos a ambos lados pero la puerta de mi destino sencillamente se mostraba impetuosa y firme delante de mi toc toc la hoja rellena de acero quejicosa anuncio mi llegada y entreabriéndose oí en tu casa no te enseñaron a tocar el timbre?
Y como aparecida de un sueño la vi a ella una chica de no mas de 24 años preciosa como ella misma y alegre al igual que una banda de colegiales engullendo sus bollos a media mañana entre risas y alboroto, su pelo era una cortina de rizos que medio escondía su rostro y le daba un aspecto de niña buena que se rompería a llorar si la hacia daño, tan tierna que su sola presencia me hacia casi abrazarla pero con el conocimiento que todo es fachada y en el fondo sería tan dura como la roca de mis puños y eso lo sabía porque sus ojos verdes casi amarillentos demostraban un salvajismo que daba miedo contemplar era una belleza sacada del jardín prohibido de piel blanca como los cisnes y suave como el pétalo de una rosa, sus labios dos mechas de color morado exuberantes de humedad para el sediento caminante del desierto que los encontrase, su cuerpo era no sino un monumento de cuarzo pulido de esbeltas formas y repleto de curvas por donde deslizarse entre su pelo su ombligo era coronado por un aro de plata y sus piernas no tenían ni principio ni fin en este universo o el que fuera
- Te vas a quedar plantado ahí? Se va a escapar el gato
- Perdona?
- Que dejes de mirarme con cara de bobo y si haces el favor de entrar dejará de salirse el frió
- Ah vale
Y la puerta se cerró tras mis pasos.
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