Gato negro bipolar
Simplemente llegaste a mi… surcando todas barandillas de las azoteas de Madrid… bajo la luna llena y las estrellas de neón que te llevaron a donde mis sueños te buscaban… a ti gato negro de las dos caras… delgado y ajado, pero aun así con mas de 5 vidas en el cinturón y toda la sabiduría de los fracasos enterrados en los montones de arena…
Me llamaste y yo abrí esa ventana destartalada… para verte entrar en el salón entre los proyectos de plantas de alegría… me miraste con esas líneas nadando en una pecera amarilla… y me dejaste sentado cuando vi tu sonrisa… siempre te habías pasado por todos mis rascacielos… cuando los sueños caían a plomo para quedar destrozados contra la acera… aun así, siempre llegabas y te sentabas al lado y yo terminaba temblando en la cama…
Por las mañanas otro compañero rallado me llevaba al trabajo cruzándose entre mis piernas… pero en mi cabeza seguía estando tu pelo de purasangre… tus ojos rasgados y tus costillas una a una marcadas con fuego y brillo… tu pelaje era suave como el mármol y tu aliento gélido como las noches de enero a la intemperie…
Después de esa noche no volví a verte, creo que viniste a despedirte y dejar así de acompañarme cada noche suicida… me hiciste encontrar al niño que tiraba de la cola de los gatos que no le hacían caso…y no me guardaste rencor… ronroneaste hasta que saque tu ración de cabezas de sardina y observe como cayeron por tu estrecha garganta… podías comer todo lo que se te pusiera en el plato… pero nunca cogías un gr… y a pesar de que habías echo esa misma acción durante un tiempo inestimable rondando mis sueños… dentro de mi algo me decía que seria la ultima vez…
Dormiste a mi lado… como siempre… enroscado en el espacio que hay entre mi brazo y el torso… y cuando desperté ya no estabas allí… me asome al balcón y mi mirada descendió como un rayo los 7 pisos hasta contar las baldosas de la acera… pero no había rastro de nada roto… perezoso me estire vértebra a vértebra por el camino a la cocina… abrí la nevera y di un trago de leche… nunca me había sabido tan bien… después de ese día, todo cambio, mis manos te dibujaron y me quedan aun 4 vidas… suelo maullar a las lunas llenas y mis sentidos son agudos como mi imaginación…
Algunas noches sigo cenando sardinas en la luna… pero nunca he vuelto a caerme desde un edificio, sonrío a menudo porque por suerte o por desgracia soy tan independiente que no hago planes para el día de mañana… sencillamente bailo todas las noches de puntillas en los tejados cazando ilusiones de niños pequeños.
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